Mision espacial de sobre vuelo lunar liderada por la NASA
El regreso tripulado a la Luna ha tardado más de 50 años debido a una combinación de recortes presupuestarios, falta de interés político tras ganar la carrera espacial y el enfoque en la órbita baja terrestre (como el transbordador espacial). La misión Artemis II, lanzada en 2026, no aluniza para priorizar la seguridad, validando sistemas con tripulación antes del aterrizaje previsto para Artemis III.
Procedimiento
Esta misión lanzará una tripulación de cuatro astronautas desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida, en una configuración de Bloque 1 del cohete SLS. Orion efectuará diferentes maniobras para elevar su órbita alrededor de la Tierra y finalmente situará a la tripulación en una trayectoria de retorno libre desde la Luna en la que la gravedad de la Tierra atraerá de forma natural a Orion de regreso después de su sobrevuelo lunar. Los astronautas de Artemis II son Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch de la NASA, y el astronauta de la CSA (Agencia Espacial Canadiense) Jeremy Hansen.
El lanzamiento inicial será similar al de Artemis I, en el que SLS llevará a Orion al espacio y luego desechará los propulsores, los paneles del módulo de servicio y el sistema de cancelación de lanzamiento, antes de que los motores de la etapa central se apaguen y la etapa central se separe de la etapa superior y la nave espacial. Con la tripulación a bordo de esta misión, Orion y la etapa superior, llamada etapa de propulsión criogénica interina, o provisional (ICPS, por sus siglas en inglés), orbitarán la Tierra dos veces para garantizar que los sistemas de Orion funcionen como se espera mientras aún están cerca de nuestro planeta. La nave espacial alcanzará primero una órbita inicial, volando en forma de elipse, a una altitud aproximada de 185 por 2.250 kilómetros (115 por 1.400 millas). La órbita durará un poco más de 90 minutos e incluirá el primer encendido de la ICPS para mantener la trayectoria de Orion. Después de la primera órbita, la ICPS elevará a Orion a una órbita terrestre alta. Esta maniobra permitirá que la nave espacial desarrolle suficiente velocidad para el impulso final hacia la Luna. La segunda órbita, más grande, tomará alrededor de 23,5 horas; en ella, Orion volará en una elipse entre unos 185 y 74.000 kilómetros (115 a 46.000 millas) sobre la Tierra. Como referencia, la Estación Espacial Internacional vuela en una órbita terrestre casi circular a unos 400 kilómetros (250 millas) sobre nuestro planeta.
Después del encendido de motores para entrar en la órbita alta de la Tierra, Orion se separará de la etapa superior. La etapa gastada tendrá un uso final antes de que sea desechada a través de la atmósfera de la Tierra: la tripulación la usará como objetivo para una demostración de operaciones de proximidad. Durante la demostración, los controladores de la misión en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston monitorearán a Orion mientras los astronautas hacen la transición de la nave espacial al modo de control manual y pilotean la trayectoria de vuelo y la orientación de Orion. La tripulación utilizará las cámaras a bordo de Orion y la vista desde las ventanas de la nave espacial para alinearse con la ICPS mientras se acercan y se alejan de esta etapa para evaluar las cualidades del manejo de Orion y el hardware y software relacionados. Esta demostración proporcionará datos del desempeño y la experiencia operativa que no se pueden obtener fácilmente en tierra, como preparación para maniobras de encuentros críticos, operaciones de proximidad, acoplamiento y desacoplamiento en órbita lunar que se darán a partir de la misión Artemis IV..
Materiales de supervivencia dentro del Orion
Viajar a la Luna no es solo una cuestión de motores y trayectorias. Durante diez días, los cuatro astronautas de Artemis II dependerán por completo de un conjunto de sistemas invisibles que convierten la cápsula Orion en una pequeña ‘burbuja habitable’ en medio del vacío.
Ese conjunto tiene nombre: sistema de control ambiental y soporte vital (ECLSS, por sus siglas en inglés) y, en términos simples, es el encargado de recrear las condiciones de la Tierra dentro de la nave espacial.
El primer reto es evidente: en el espacio no hay aire. Orion debe generar y mantener una atmósfera respirable, con niveles adecuados de oxígeno y presión. Al mismo tiempo, el sistema tiene que eliminar el dióxido de carbono que exhalan los astronautas y otros contaminantes que podrían acumularse en la cabina. Para ello utiliza sistemas de filtrado y absorción que ya han sido probados en la Estación Espacial Internacional (ISS), pero adaptados a un entorno más exigente como el espacio profundo.
El segundo elemento que no puede faltar es el agua. Los astronautas necesitan beber e hidratarse para mantenerse con vida, pero también es imprescindible en términos de higiene y gestión de residuos dentro de la nave. En una misión de este tipo, cada recurso cuenta, por lo que los sistemas están diseñados para optimizar el uso y minimizar el desperdicio durante todo el viaje. No obstante, en el caso de Orion, los residuos líquidos, como la orina, se recogen y almacenan, pero no se reciclan como en la ISS. La duración limitada de la misión permite simplificar estos sistemas y reducir la complejidad a bordo.
Finalmente, este sistema también se encarga del control térmico: mantener una temperatura estable en un entorno donde, fuera de la cápsula, las condiciones son extremas. En el espacio, una superficie expuesta directamente al Sol puede superar los 120 grados, mientras que en sombra puede descender por debajo de los -150 grados. Orion debe aislar a la tripulación de esas variaciones y mantener un entorno habitable constante en su interior.